23 sept. 2008

En Niza, la familia Chaparro

Ya nada es como antes en la 123. (…) Antes todo era como antes. Por ejemplo la señora Aminta ya no sale tanto a Carulla porque tiene que ir al Conservatorio a llevar al Pajarraco a clase de Lapidus. El cuento de siempre. Que el niño se llevó la camioneta para la universidad y que ahora en qué me voy. Apúrele Ángela. ¿Ya se tomó la leche?

Rafael Chaparro Madiedo.

“Ya nada es igual en la 123”.

La Prensa. Mayo 5 de 1990.

Lo que yo tengo que decir sobre Rafael no difiere mucho de lo que diría cualquier padre sobre uno de sus hijos por lo que está lleno de afecto. Puede que para las personas ajenas sea algo de poco valor, que carece de interés, pero para mí es todo lo contrario.

La familia

Todo comienza cuando terminé ingeniería eléctrica en la Universidad de Santander en 1960. En Bucaramanga conozco a Aminta Madiedo, quien había estudiado docencia, y con ella me caso. Yo me vine a vivir durante un año a Bogotá, me gané una beca para estudiar en Alemania y los dos nos fuimos para ese país y permanecimos allí dos años. Al regresar nos radicamos en Bogotá y el 24 diciembre de 1963 nació Rafael.

Primero vivimos en otro barrio y desde 1968 estamos aquí en Niza. Cuando eso yo estaba trabajando con la empresa Ingetec, firma que se dedica a obras de ingeniería de consulta y ha desarrollado muchas obras públicas en el país, como carreteras, puentes, túneles, centrales hidroeléctricas, viviendas, etcétera. Hoy por hoy es una de las empresas más grandes de ingeniería en Colombia.

Para esa época Bogotá ya daba muestras de su crecimiento y desarrollo. Ya existían los barrios tradicionales como Chapinero y Teusaquillo, desde los cuales empezó la verdadera expansión de la ciudad hacia el norte. Cuando las casas de Niza se construyeron, casi todo por aquí era potrero, el tráfico era muy sosegado y era bastante común ver por todas partes los famosos ‘carromulas’. En general se veían pocos automóviles y buses que transitaban por una vía de acceso pequeña que luego se convirtió en la avenida Suba, la misma por la que hoy transita el Transmilenio.

En esta casa hemos vivido casi siempre y aquí también nacieron el resto de mis hijos. La familia completa la componíamos Aminta y yo, Rafael Chaparro Beltrán, y mis hijos Rafael, Sergio Luis, las gemelas Isabel y Liliana, Silvia Patricia, Carlos Alberto y Ángela María. Digo que la componíamos por lo de Rafael y porque hace poco también murió mi esposa. Una verdadera lástima, pues ella le hubiera contado muchas más cosas que yo.

La infancia

El nuevo centro comercial ‘Bulevar Niza’ está construido en lo que antes era un potrero donde los niños del barrio elevaban sus cometas y acometían largas jornadas de safaris acuáticos en busca de ranas y sapos. Ahora sólo se ven sapos de reeebok y sapas con minifalda. Las largas tardes de frío se cambiaron por pasillos iluminados por el neón. De la rana a la hamburguesa. De la cometa a la última moda de los jeans oxidados. (…) El ‘Bulevar Niza’ logró atrapar a la Rana de Oro o por lo menos la debe tener encerrada en alguno de sus acuarios de neón.

Rafael Chaparro Madiedo.

“Adiós a las ranas”.

La Prensa. Diciembre 18 de 1988.

Rafael ingresó al colegio Helvetia, institución fundada por suizos que queda muy cerca de aquí, y mientras fue un niño Aminta lo llevó y lo recogió a pie todos los días. Desde entonces empezó a demostrar una fuerte y temprana inclinación por la escritura, la lectura, y por las artes escénicas, participando en obras de teatro y en grupos de literatura, en los que su madre siempre fue su cómplice y pieza importante porque al ser ella docente manejaba muy bien el lenguaje y lo instaba siempre a la lectura y a la buena escritura. También le gustó mucho jugar básquetbol y en algún momento el equipo del Helvetia ganó un torneo intercolegiado y se fue a competir a unos juegos en San Andrés Islas. Recuerdo también que en este colegio tuvo problemas en el cuarto grado y lo repitió. De todas maneras fue siempre un estudiante aplicado y sólo sobresalió en materias relacionadas con sus gustos.

En la casa siempre fue muy obediente y se ciñó a las reglas del hogar y así lo hizo siempre. Aunque su modo de ser nunca fue el de alguien malgeniado tenía algo de terco, pero siempre fue una persona muy amable. Con su mamá era muy especial, igual que con sus hermanos y hermanas aunque era muy callado, especialmente cuando hacíamos reuniones familiares. Mientras todo el mundo hablaba él se quedaba mirando y no abría la boca para nada a no ser que alguien le preguntara algo. Hasta en eso se comportaba como un escritor que se la pasa todo el tiempo observando y dándose cuenta de detalles que la gente del común no ve. Usted sabe que todo buen escritor le mide el pulso a su alrededor desde la constante observación. Pero su silencio era normal, cuando tenía que decir algo lo decía y cuando se tenía que enojar se enojaba. Algo del carácter santandereano había en él.

Hablar de la infancia de Rafael es hablar de una cuadra llena de pelados de la misma edad que vivían por todos lados jugando y que cuando no tenían la calle llena de rampas para sus bicicletas o monopatines, la inundaban con sus partidos de fútbol eternos. Desde entonces viene la imaginación de escritor de mi hijo y alguna vez me pidió que le comprara un par de botas de caucho para irse de expedición con sus amiguitos a un lote fangoso, donde hoy queda el Bulevar Niza, en busca de la Rana de Oro. Una leyenda que no sé quién la inventó pero que él se encargó de darle mucha importancia y consistía en que si la Rana de Oro era atrapada el pantano se secaría. Incluso hasta escribió alguna crónica sobre ella para La Prensa, al igual que escribió otras tantas sobre su infancia y sobre Niza[1].

Más o menos así transcurrió la infancia de Rafael y cuando no estaba jugando o estudiando estaba leyendo, viendo Tarzán los sábados a las diez de la mañana, por el Canal Uno, o ideando algún proyecto para realizar con sus amigos, a los cuales también les tenía apodos como ‘Taofo’, ‘Cabezón, ‘El Tigre’ y ‘Farolo’.

El periodismo

Del Helvetia Rafael pasó a la Universidad de los Andes, donde estudió filosofía y letras hasta finales de 1987. Luego se fue para Momtpellier a hacer unos estudios relacionados con su profesión y regresó para trabajar en un periódico de la familia Pastrana llamado La Prensa. Eso fue en agosto de 1988 y desde entonces se hizo a un buen nombre en ese periódico y terminó ejerciendo un oficio inesperado, pero que le agradó porque le mantuvo la muñeca caliente al escribir todo el tempo. En este periódico conoció a García Márquez, quien se lo llevó a estudiar en San Antonio de los Baños en su curso de Cine y Televisión.

Antes de eso, en marzo de 1987, Rafael funda con unos compañeros de la Universidad de los Andes un periódico llamado Hojalata, en el que se escribieron textos de todos los tipos y géneros, y aunque al principio los directivos de la institución no lo vieron con buenos ojos, lo terminaron aceptando porque no les representaba ningún problema, porque resultó ser una buena publicación y porque, además, era el primer periódico que se fundaba en esta universidad. No más de dos problemas tuvieron con esa publicación y un artículo en especial los hizo tambalear, cuyo título es: “Uniandinos de frente a Monserrate de espaldas al país”[2]. Con Hojalata hubo muchos ánimos y expectativas, pero no lograron mantenerlo vivo y alcanzaron a imprimir alrededor de catorce números nada más.

En la misma universidad mi hijo entabló amistad con Jorge Mario Eastman, cuyo padre homónimo fue el dueño, junto con Carlos Lemos Simmonds, de la desaparecida revista Consigna. Una publicación quincenal a la que él pudo entrar como redactor cultural y luego como columnista de una sección llamada “¡Luz, más luz!”. En esa revista permaneció hasta marzo de 1990.

Su paso por Los Andes le sirvió de mucho porque, además, una de sus compañeras, cuyos padres eran los dueños de una programadora llamada Cinevisión, lo invitó a trabajar con ella en televisión en un proyecto llamado Zoociedad, del cual Rafael fue libretista y trabajó con Jaime Garzón. Mientras empezó este programa él siguió colaborando con La Prensa como columnista y eso lo hizo hasta su muerte. Cuando se acabó Zoociedad siguió haciendo esto a la par de Quack y La brújula mágica.

La pintura

Aquí se conservan muchas cosas de él. Hay fotografías, un álbum de recortes de prensa que hizo Aminta con muchos de sus artículos y con otros tantos que salieron cuando Rafael se ganó el Premio Nacional de Novela y también cuando Fabio Rubiano adaptó Opio a las nubes al teatro. Hay varios textos inéditos, entre ellos una novela llamada El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes y un libro con cuentos. Otros tantos de esos escritos se perdieron en su computador que años atrás se regaló.

En el que fue su estudio, donde todos los días se quedaba trabajando hasta altas horas de la noche, están muchos de sus libros. Algunos todavía tienen sus anotaciones. También está su equipo de sonido con grandes bocinas, y como una de sus grandes aficiones fue la música, coleccionó bastantes discos, sobre todo de rock. Muchos de sus amigos quisieron llevarse un recuerdo de él después de su muerte y varios vinieron y se llevaron uno que otro de sus discos, por lo que ya quedan pocos.

Su gran fascinación fue un Renault 4 de color beige que yo le vendí. Y eso que él siempre dijo, hasta que tuvo ese carro, que nunca compraría uno porque se mataría sacándole la máxima velocidad todo el tiempo. Igual, como siempre fue muy diligente en su mantenimiento venía todo el tiempo con historias de que había rebasado carros último modelo. Por ese carro se interesó otro de sus amigos, alguien que no logro recordar, y yo se lo vendí.

Pero lo más vistoso en esta casa y que nos quedó de Rafael son sus cuadros. Una de las cosas que me faltó por decir es que él siempre llenaba sus cuadernos de estudio o sus libretas de apuntes de garabatos y toda clase de dibujos, con lo que desarrolló un estilo propio y cierta destreza en los trazos.

Entonces él, antes de estudiar filosofía, quiso estudiar arte en la Universidad Nacional, y allí estuvo un semestre. Eso no le gustó y se fue para Los Andes. Luego se interesó por la pintura y se metió a un taller con el pintor Jaime Manzur, quien además es reconocido por fabricar excelentes marionetas. Como ya tenía cierta cercanía con ese mundo, aprendió bastante y pudo pintar cuadros bastante buenos. Muchos de ellos los tienen sus amigos, pero estoy seguro de que la mayor parte la tenemos nosotros. Hay que decir también, no soy capaz de recordar dónde ni cuándo, que expuso algunos de ellos. Pero él no trascendió en la pintura y siempre la tuvo como un pasatiempo. Si usted quiere, puede tomarles fotografías a algunos de los cuadros que hay en la casa.

El principio del fin

No todo en la vida de las personas es bueno o está lleno de cosas positivas. Desafortunadamente a mi hijo le diagnosticaron a los veinte años una enfermedad muy extraña llamada lupus[3]. Por tal razón le tocó empezar a tratarse con muchos medicamentos y sufrió varias crisis de salud. Además, ese mal se le focalizó en los riñones, los cuales con frecuencia hacían que su cara cambiara de color o se hinchara un poco. En todo caso nunca se desanimó, nunca se le vio triste y mucho menos se le escuchó un solo quejido. Así, entre tratamiento y chequeos médicos, logró vivir poco más de diez años sin problemas, hasta que en un terrible mediodía de febrero de 1995, mientras se dirigía con sus compañeros de trabajo para la oficina, un conductor imprudente en su ‘Volkswagen’ lo atropelló en el cruce de la avenida 19 con Quinta. Ese fue el principio del fin de mi hijo, el talón de Aquiles que el lupus encontró para llevárselo. En ese suceso se hirió una rodilla y una pierna y en un hospital, desconociendo su condición de enfermo de lupus, le aplicaron unos antibióticos que le afectaron directamente los riñones, lo que hizo que su estado se agravara y pasara los dos últimos meses de su vida muy enfermo. Finalmente, en la madrugada del martes 18 de abril, murió en la Clínica Santafé.

En el tiempo en que estuvo así nunca dejó de escribir y su mamá o su novia le llevaron sus artículos y sus libretos al trabajo. En la casa pasó muchas dificultades, pero nunca nos imaginamos que se iba morir. Es más, el último día que pasamos juntos yo lo llevé a dar una vuela al parque del barrio y él no fue capaz de regresar por sí solo y me tocó traerlo alzado. Eso fue el Domingo de Resurrección de la Semana Santa de 1995. A las malas lo llevamos a la Clínica Santafé y finalizando el Lunes de Pascua se agravó hasta la muerte, que según el dictamen médico ocurrió pasada la una de la mañana del martes. Él siempre odió las clínicas y los hospitales y como la vida es contradictoria le tocó morirse en un lugar que detestaba. Al final pasó sus momentos al lado de su novia, Claudia Sánchez. Para mí no es fácil seguir hablando de esto y creo que ya es suficiente con todo lo que le conté.

Había llegado del colegio y no comprendía muy bien por qué los ángulos de los triángulos sumaban entre sí 180 grados no entendía nada de nada ni en las mañanas ni en las noches era una tarde de lluvia tenía la cabeza al revés junto a Bayer y a Leonid los dos otros mocosos con los que andaba nos pusimos a construir la casa de madera en el árbol (…) una puntilla aquí otra puntilla allá más allá jueputa me machuqué el dedo una cura Bayer échese babas muchas babas diga sana que sana culito de rana o más bien sana que sana culito de vieja sino mamarás hoy mamarás mañana dilo Sven... [4]

Rafael Chaparro Madiedo

(Opio en las nubes)


[1] Rafael Chaparro Beltrán se refiere a textos como: “Adiós a las ranas”; “Ya nada es igual en la 123”; “Niza, by by”; “La increíble historia del siniestro Doctor Bolsita Negra y sus amigos”; y “Faustino no mataba perros amarillos”. En este último artículo, una crónica sobre cuando él tenía diez años y sobre el ‘Tino’ Asprilla, Chaparro habla así de su infancia: “Pasó el Mundial del 70 y mi hermano y yo seguíamos matando perros amarillos en las tardes aburridas del barrio. Pasó el Mundial y mi hermano y yo montábamos en bicicleta, pero no podíamos obtener satisfacción porque la niñez es un desequilibrio de lo real, porque en la niñez no tenemos recuerdos porque vivimos en los recuerdos futuros”. Algo de la crónica citada hace parte de uno de los capítulos de El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes, novela que Chaparro dejó inédita.

[2] El artículo al que se refiere Rafael Chaparro Beltrán fue publicado en el segundo número de Hojalata, en mayo de 1987, y fue escrito por Patricia Ruan.

[3] El lupus es una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar varias partes del cuerpo, especialmente la piel, articulaciones, sangre y riñones. El sistema inmunológico del cuerpo normalmente produce proteínas llamadas anticuerpos para proteger al organismo en contra de virus, bacterias y otras substancias extrañas. Estas substancias extrañas se llaman antígenos. En una enfermedad autoinmune como lo es el lupus, el sistema inmunológico pierde su habilidad para notar la diferencia entre las partículas extrañas (antígenos) y sus propias células o tejidos. El sistema inmunológico en estas circunstancias produce anticuerpos en contra de "sí mismo". A estos anticuerpos se les llama "auto-anticuerpos", los cuales reaccionan con los antígenos propios para formar complejos inmunes. Estos complejos inmunes se producen en el torrente sanguíneo y pueden causar inflamación, daño a los tejidos y dolor. En la mayoría de la gente el lupus es una enfermedad benigna que afecta sólo unos cuantos órganos. En otros, puede causar serios daños y aun producir problemas que pongan en peligro la vida. La enfermedad, en un alto porcentaje, se presenta con mayor frecuencia en africanos y mujeres. (Información tomada de: http://www.lupus.org. Última consulta: septiembre 30 de 2007).

[4] Chaparro Madiedo, Rafael. Opio en las nubes. Bogotá: Colcultura, 1992. (En este trabajo todas las citas sobre Opio son tomadas de la edición de Colcultura).

13 comentarios:

Camilo Andrés dijo...

Hola alejo, tuviste acceso al pajaro speed y al libro de cuentos de Rafael.

Soy un admirador de la obra de este escritor desafortunadamente fallecido antes de tiempo.

cemil_cuentacuentos@hotmail.com
por si podemos hablar un rato.
Muy cool tu trabajo de grado. muchos exitos en lo que siguio.

Alejo dijo...

Nada más a la novela. El libro de cuentos no pude tenerlo y leerlo. Algunos cuentos fueron publicados en La Prensa. Pocos, realmente. agocho49@gmail.com

andrinxki dijo...

a este blog le falta ROCK AND ROLL!!

Moctzuma dijo...
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Aleja dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aleja dijo...

hola Alejo como vas, mira yo soy estudiantes de artes escenicas y me interesaria hablar contigo, ya que mis compañeros y yo estamos haciendo una investigacion a rafael y a su obra, opio en las nubes ya que esta sera parte de nuestro proceso de Montaje, espero hablar contigo pues seria interesante saber mas de rafael y su obra.

Aleja dijo...
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Moctzuma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aleh Rodriguez dijo...

Hola Alejo, me gustaria hablar contigo de unas cosas acerca de R_afael como por ejemplo su fecha de muerte , algo no concuerda. & de la tumba ke hay al lado de el. si puedes establecer contacto conmigo mi correo es aleh-rodriguez@hotmail.com cuidatee .

Aleh Rodriguez dijo...

Hola aklejo, me llamo alejandra, y qisiera comunicarme contigo acerca de una confusion ke hay con la fecha de la muerte de Rafael, y algo q ocurrio con la lapida que esta al lado de la de el, te agradecería si logras comunicarte conmigo. mira este es mi correo aleh-rodriguez@hotmail.com asi tambn me encuentras en fbk cuidatee :)

Angelik Ruiz dijo...

Hola Alejandro!

En este momento estoy haciendo un trabajo de tesis en Francia acerca de Chaparro y tengo una pregunta: qué pasa con "Siempre es saludable perder sangre"? quién lo tiene? esperan publicarlo?

Gracias!

María José Rengifo Ochoa dijo...

Hola Alejo, me llamó muchísimo la atención tu trabajo, cuando empecé a ver filosofía en octavo, mi profesor inició la clase con el primer capítulo de Opio en las nubes, me pareció algo fantástico, leí el libro y una de las primeras preguntas que tuve fue ¿Qué estaba pensando Rafael Chaparro al escribir estos textos? Tu excelente trabajo ha ayudado a responder esta y muchas otras preguntas, tengo entendido que eres de Medellín, o al menos de la Universidad de Antioquia te graduaste y presentaste tu tesis sobre Madiedo, me gustaría saber más de ti, ¿Qué estudiaste? Yo actualmente curso décimo grado y entre mis planes está estudiar filosofía, también en estos días visitaré la tumba de Madiedo, agradecería tu respuesta. Gracias.

Robim Montenegro dijo...

bakano el blog. he leido opio en las nubes, muy rayado ese libro .....

agradezco por el aporte de rafael chaparro madamiedo a la fantasía narrativa