18 sept 2008

“Tuvimos suerte”

De izquierda a derecha: Chaparro, Arias y Troller. Foto: La Prensa.

Con Zoociedad lo mejor de todo es que ninguno de nosotros había tenido experiencia en la televisión, es decir, no teníamos vicios, ni esquemas televisivos.

Rafael Chaparro Madiedo

La génesis según Paula Arenas Canal[2]

Yo conocí a Rafael Chaparro o a ‘Cabeto’, como le decíamos, en 1983 cuando entramos a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes. Nos hicimos amigos con la timidez que a los dos nos caracterizaba, por lo que no fue una amistad muy fluida pero sí muy cercana. En un principio nos aproximamos por la literatura y el rock y luego nuestros intereses se fueron por el lado de lo audiovisual y el cine, una afinidad que explotamos más tarde.

Uno siempre tuvo el referente de que él tenía una dolencia física que no lo dejaba en paz y muchas veces lo vi mal, pero vine a saber mucho tiempo después de qué. Por eso no deja de sorprenderme todo el tiempo extra que le robó a la muerte y aún hoy no alcanzo a comprender cómo pudo ser tan lúcido y creativo, cómo nunca perdió los cabales y con qué ganas y apego a la vida trabajó siempre en los proyectos que hicimos. En ningún momento se dejó derrotar anímicamente del lupus y siempre, con su humor corrosivo, desafió su situación.

Cuando nos graduamos, en 1988, yo decidí irme a Nueva York a estudiar cine y televisión y regresé a finales del año siguiente, para empezar a trabajar con Chaparro en proyectos donde yo manejé lo audiovisual y él los textos y los guiones, una dinámica que siempre nos dio resultado, además porque yo siempre me sentí muy a gusto con lo que ‘Cabeto’ escribió. Un primer proyecto lo hicimos con Manuel Hernández, profesor de Los Andes y amigo nuestro, y fue un intento de documental sobre el 20 de julio y el fenómeno de la devoción por el ‘Divino Niño’ en Bogotá. Después de eso empezamos a trabajar en el noticiero de Cinevisión, donde hicimos notas bastante singulares para un espacio informativo. Recuerdo que una de ellas se trató sobre las murallas como símbolo de la esquizofrenia, con ejemplos claros como el muro de Berlín, la Muralla China y las murallas de Cartagena. Fueron notas que parecían ensayos en un noticiero y que pueden definirse como propuestas muy poco comunes entonces y todavía.

Como mis padres eran los dueños de Cinevisión, empresa que producía el noticiero, yo podía hacer lo que quisiera y por eso logramos formar un trabajo muy chévere, hasta que llegó un momento en el que nos tocó dejar de jugar y ponernos serios. Corría 1990, cuando salió una licitación en la que la empresa debía escoger entre seguir como productora del noticiero o como programadora de entretenimiento. Yo sugerí que tomáramos el segundo camino porque me sentía más fuerte trabajando en esa corriente, en los espacios narrativos y no en los informativos. Así fue que Cinevisión se trasformó, en la época exacta cuando la televisión colombiana empezó a cambiar y justo antes de la llegada de la Constitución de 1991 y de que naciera la Comisión Nacional de Televisión.

Hasta ese momento dejamos de chapucear en lo audiovisual y me tocó diseñar una propuesta definida, pues entré como gerente de programación de Cinevisón, lo que me exigía formar un equipo profesional de trabajo para producir espacios concretos y, obvio, la primera persona que lo conformó fue Rafael Chaparro. Después vinieron Eduardo Arias, Karl Troller, Pacho Ortiz y los demás.

De ahí en adelante me pidieron que buscara un programa para los miércoles a las nueve de la noche, después una serie llamada La de los tintos y que hacía Bernardo Romero Pereiro, en la franja prime time que tenía Cinevisión en ese momento. Yo destiné para ese horario una serie animada a la que le había comprado los derechos en una feria en los Estados Unidos. Es importante pasar despacio por esta parte del relato, porque la serie era Los Simpsons y la entrega se retrasó cuando hicieron el doblaje al español de su primera temporada para Latinoamérica, pues Matt Groening no estuvo satisfecho con las voces que hicieron los mexicanos y paró el proceso. Entonces Cinevisión necesitaba otro programa que cubriera ese hueco y ahí pusimos a Zoociedad. Y estoy hablando de dos programas importantes en la televisión nacional: Zoociedad, que a pesar de que sólo duró tres años es un espacio muy recordado, y Los Simpsons, que se convirtió en un fenómeno no sólo en Colombia, sino en casi todo el mundo. A estos muñecos amarillos los pude poner dos meses después, en el horario de los sábados a las cuatro de la tarde.

Antes de todo eso, Chaparro y yo veníamos enganchados trabajando en una idea preliminar, en la que buscamos crear un programa de humor urbano que luego se tornó en Zoociedad, término que `Cabeto`, estoy casi segura, sacó de las historietas de Mafalda y que resumió perfectamente el espíritu de lo que fue el programa y de cómo lo hicimos. Lugo vinieron los demás, el resto del equipo, para ayudarnos a sacarlo a flote.

Karl Troller[3] y Eduardo Arias [4] entran al proyecto

Fue gracias a Rafael Chaparro que nosotros entramos a hacer parte de Zoociedad. Eduardo Arias y yo supimos de Chaparro desde el colegio donde estudiamos, Helvetia. Sabíamos quién era, pero nunca lo tratamos; además pertenecimos a otras generaciones. Arias se graduó en 1977 y yo en 1979. Rafael, unos años después. Luego me lo me encontré cuando Paula Arenas nos llamó a Eduardo y a mí para que trabajáramos en la creación de un programa para Cinevisión. Arias ya había tratado con Rafael desde La Prensa. Fue él quien nos recomendó para trabajar en ese proyecto. Cuando más o menos teníamos una idea sobre cómo iba a ser Zoociedad, Eduardo recomendó a Jaime Garzón, que en ese entonces era alcalde de Sumapaz e iba mucho a La Prensa por ser ‘pastranista’, igual que el periódico. Ya todos sabemos cuál fue el éxito que tuvo Jaime y qué pasó después con él.

Así es. Yo primero trabajé con Chaparro en La Prensa. Allí tuvimos un tiempo una columna de humor y crítica que se llamó “La franja lunática”, en la que algunas veces participó Troller. Luego me fui a trabajar a la revista Diners y no volví a tener contacto con él hasta 1990, cuando arrancó Zoociedad. Al comienzo no sabíamos bien cómo sería el programa. La idea inicial fue de Chaparro y Paula Arenas, en ese entonces gerente de programación de Cinevisión. Sabíamos que lo que estábamos concibiendo era de humor, pero nos tardamos más de un mes en darle una verdadera forma a la idea. Chaparro, Arenas, Troller y yo estuvimos muy influenciados por un programa de humor gringo que se llamaba No necesariamente las noticias y también por El show de Benny Hill.

Zoociedad tomó más forma con la llegada de Jaime Garzón, luego con la de Francisco Ortiz, quien fue el director del espacio. Su batuta le dio orden y sentido a todo, además de que contó con la ayuda de su asistente, John James Orozco, alguien muy talentoso a la hora de hacer humor con imágenes. Ortiz le asignó una labor a cada uno y formó un esquema de trabajo. En ese esqueleto quedaron Jaime y Elvia Lucía Dávila como presentadores, y Karl Troller, Rafael Chaparro y yo como argumentistas.

Chaparro, un Zoocertero

A la hora de dar ideas diría que Chaparro es trash metal, troller es como el reggae y yo algo así como el punk rock.

Eduardo Arias

El magazín, si así se le puede llamar, tuvo mucha suerte por contar con Jaime Garzón. Yo lo recomendé por su talento para la imitación y resultó ser mucho más que eso. También hay que decir que cuando estábamos enmarañados con las ideas, en medio de una discusión, Rafael Chaparro interrumpía su habitual silencio sepulcral, pues era un tipo muy callado, y en medio del humo de su eterno Pielroja, con su alta dosis de lucidez y con alguna frase corrosiva, nos sacaba del embrollo. El hombre tenía una sensibilidad impresionante para el humor negro y un buen sentido crítico, lástima que por morir joven no lo pudo desarrollar más. Sobre eso también puede preguntarle a Troller.

Es verdad, nosotros durante esos tres años jamás supimos de su enfermedad. Rafael era una persona muy introvertida, no hablaba de cuestiones personales y a veces uno no sabía cómo sacarle las palabras. Decía lo necesario y cuando hizo un comentario o manifestó una idea, fue siempre certero y daba en el clavo. Que yo recuerde, lo único perjudicial de él era su manera de fumar cigarrillos sin filtro. Nunca se le notó su lupus y prácticamente supimos de eso cuando lo devoró. La relación que Eduardo y yo tuvimos con Rafael fue netamente laboral.

La dinámica

Nos reuníamos los viernes y los lunes para botar corriente. Nos inventábamos las situaciones y las cosas. Algunas veces hasta nos fuimos para la casa de Troller. En esos encuentros planteábamos un tema central, las notas para las secciones, y escribíamos algunos argumentos o ideas base que sirvieron como guía para ‘Pili’ y ‘Émerson de Francisco’, los presentadores que interpretaron Elvia y Garzón.

Zoociedad fue un programa muy improvisado y tuvimos suerte. Mirábamos mucho las noticias y sacábamos las pifias políticas de la semana. Un tema al que recurrimos mucho fue el apagón y su causante, ‘ciertamente’ el ex presidente César Gaviria. No teníamos libretos, casi siempre eran ideas o bocetos de guiones que se iban cambiando en la marcha, sobre todo, porque muchas veces Garzón improvisaba y agregaba otras cosas. Lo más elaborado eran las notas de humor pregrabadas que hacía John James Orozco, en las que Rafael Chaparro trabajó mucho. Los dos pasaron bastantes horas escribiendo y capturando material para hacerlas.

No hicimos nada nuevo, mucho menos humor inteligente

Zoociedad salió por primera vez al aire el 31 de octubre del 1990, un día de brujas, a las 9 de la noche. Posteriormente nos cambiaron para los sábados a las 7:30 de la noche. No sé cuánto tiempo estuvimos en ese horario, pero retornamos al primero hasta que el programa se acabó. Fueron casi tres años de emisiones en medio de la siempre complicada realidad nacional.

La idea fue hacer humor para burlarse del poder. También denunciar cosas. Era una época muy distinta a la de ahora, pero también muy dura. El país era Gaviria, la extradición, los extraditables, las bombas, Escobar y los otros capos, la eterna guerrilla y la represa del Guavio. Claro que por otro lado había hechos que invitaban a pensar en un país mejor: la paz con el M-19, la nueva Constitución, la selección estaba jugando bien y clasificó a Italia 90, el triunfo de Carlos Vives en el exterior… Existieron cosas que nos invitaron a pensar un nuevo país. Era como dejar atrás todo el terror, los magnicidios de Galán, Pizarro, Bernardo Jaramillo Ossa, y otros tantos. Eran una serie de factores que de pronto hoy, o nos parecen nostalgia o nos parecen normales, porque ya Juanes y Shakira nos tienen acostumbrados a los triunfos. Entonces yo, Eduardo Arias, creo que de alguna manera Zoociedad era el reflejo de esa euforia, y si bien éramos muy críticos del gobierno de César Gaviria, era una crítica que terminaba siendo festiva. Era un humor duro, fuerte y pesado, pero que tenía un trasfondo de tranquilidad en la realidad del país. Eso no pasó con Quack, que se vivió en todo el proceso 8.000, mientras el país parecía a punto de colapsar institucionalmente. Uno compara estos dos programas y se da cuenta de que Quack era mucho más elaborado, más categórico, más profundo en sus argumentos, en su crítica política. Todo, producto de los libretos de Antonio Morales.

Pero volviendo con Zoociedad, nuestra intención era hacer humor, pero no uno que se burlara de los pobres, de los campesinos, de los regionalismos y costumbrismos, que era la tónica de Sábados Felices, programa que se ha burlado mucho de eso; de los pastusos, bogotanos y antioqueños y de cómo hablan los negros de Puerto Tejada. Nosotros les tirábamos a los fuertes y no a los desvalidos. La gente decía que el humor del programa era inteligente, pero no, era más de opinión basado en lo que estaba pasando. Algunos decían que era un humor elitista, pero en últimas le llegaba a toda persona que estuviera medianamente informada, que oyera un poco de radio y leyera algo de periódicos. Y usted sabe que la gente más informada del país no es la de la elite sino la del común.

Hoy algunos dicen que nosotros inventamos la sátira política en la televisión, pero eso ya había empezado con el maestro Salustiano Tapias en Sábados Felices. Después vino Hugo Patiño, en el inicio de la década de 1980, innovador en la imitación y burla al poder con sus políticos y militares. En ese entonces el presidente era Julio César Turbay, el más gozado de todos. El ex presidente, en un directo de televisión, le habló al país para decirle que prohibía burlarse de los dignatarios nacionales. Por eso le cortaron el chorro a Patiño.

Lo paradójico del asunto es que nosotros retomamos ese humor de Hugo y nos pasó todo lo contrario. Político del que no se burlaba Zoociedad, usando la jerga de la moda, estaba out. Nunca nos censuraron, nunca nos amenazaron de muerte, sólo a Jaime una vez el cartel de Cali. Alguna vez Troller y yo tuvimos ciertos problemas con las embajadas de Aruba e Israel por algo que hicimos en el programa alusivo a ellas, pero jamás nos sentimos en peligro. No tuvimos censura de ninguna clase.

Es muy gracioso pensar en eso, todos querían ser ridiculizados en el programa. Además contamos con el apoyo del público y los periodistas empezaron a darle difusión al espacio diciendo que en él se hacía un humor inteligente. Nosotros nunca hicimos eso, es más, muchas de las emisiones quedaron con amplios vacíos. Triste es pensar que el programa se acabó cuando quisimos mejorarlo, porque de todas maneras no tuvo tanta audiencia. Sin embargo, nos fue bien con él y se ganó un lugar en el recuerdo de muchos. Hoy Cinevisión ni siquiera existe y la televisión del país es otra cosa. De todas maneras con Zoociedad se cumplió el ciclo y hoy digo que murió cuando tenía que morir.


[1] Casas, Daniel. “Presentación en Zoociedad”. En: La Prensa. Bogotá, febrero 2 de 1992, p. 14 y 15. (Entrevista hecha a Rafael Chaparro, Karl Troller y Eduardo Arias, quienes eran creativos de Zoociedad).

[2] Paula Arenas es creativa y productora ejecutiva de televisión. Entre sus trabajos más sobresalientes figuran la serie La alternativa del escorpión y el programa de humor político Zoociedad. También las comedias Conjunto Cerrado y Viceversa, y la telenovela Juan Joyita. Fue gerente de programación de RTI, vicepresidente creativa del Canal RCN y gerente de producto de City Tv. También se ha desempeñado como asesora del Ministerio de Cultura en temas de televisión pública y en la actualidad es la directora de los magazines Culturama y La Sub30.

[3] Comunicador Social de la Universidad de los Andes. Es el actual director en Miami de la revista Maxim para Latinoamérica. Fue, junto a Eduardo Arias y otros amigos, fundador de la revista Chapinero. Con Arias ha escrito varios libros. Dirigió por un tiempo la revista Shock y programas sobre música como Persiana Americana.

[4] Biólogo de la Universidad de los Andes. Ha sido uno de los buenos escritores sobre rock en Colombia. Es el editor cultural de la revista semana y ha trabajado en revistas como Diners y Soho; y de periódicos como La Prensa y El Tiempo. Fue libretista de Quack y Zoociedad. Entre sus libros están: Momentos estelares del deporte, Guía del buen estudiante vago, Diccionario de la Ch, publicados por Intermedio, y casi todos escritos con su amigo y colaborador de toda la vida Karl Troller. Actualmente es el editor cultural de la revista Semana.

[5] Esta cita también fue extractada de la entrevista mencionada en el pie de página anterior.


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