24 ene. 2008

Poemas desde el tejado

PINK TOMATE EN NIZA
La poesía también fue uno de los intereses de Rafael Chaparro Madiedo y en 1986 obtuvo una mención especial al participar, bajo el seudónimo de Rafael Madiedo, en el Tercer Concurso Universitario de Poesía del ICFES, con la obra titulada La hora de la fatiga que se compone de dos poemas: “Lunas” y “La torre de nieve”. En el periódico Hojalata, de la Universidad de los Andes, también publicó algunos poemas. Aquí son subidos algunos:

Lunas

No me mires
cuando la luna se estremezca
en mil temblores fulgurosos

No me hables
cuando comparta mi pan
con los habitantes de la Tiniebla
porque entonces mi sombra te cubrirá como una niebla

Sólo espérame en el filo de la realidad
donde la púrpura profunda de Dios
se desangra sobre mi sangre.


La torre de nieve

Me preguntas qué hice anoche.
Subí a la torre de nieve
y me lancé a un lago de sangre pesada
donde beben los lobos antes
de rendirse sobre la arena

Me preguntas por la luna…
entonces di a beber el veneno dorado
a mil conciencias sosegadas
¿acaso estabas allí contando
las palpitaciones de tu laberinto atropellado?
Sus ojos brillaron como agua criminal
y sus rostros brillaron frente al desasosiego
de la carne
como tiembla el tiempo ante el silencio

Me preguntas por la noche…
y te digo que la noche solía ser
el refugio de los dioses que chupan la sangre del destino

Me preguntas qué hice anoche.
Anoche estrangulé varios dioses
de mi conciencia arrodillada!

Concurso Universitario de Poesía ICFES: Obras premiadas 1986. Bogotá: Editorial Guadalupe. p. 123 y 125.

***

Un ave pasó regando cielo
sobre la selva negra
en praderas de sangre
reflejó múltiples lunas se hierba
y cauces de agua pesada

Frente a un arroyo de la noche
dio nombre a cuatro dioses vagabundos:
Tierra, Viento y Fuego
pero sólo a ti te dio un nombre
que nadie quiere olvidar:
Muerte.

Hojalata. Nº1, marzo de 1987. p. 10.


El río de los hombres

Cruzar el cauce de la niebla
eso nada más,
Entrar bajo el árbol
y buscar la sombra de oro
de alguna fruta profunda.

Recoger el rastro herido
de algún ave sobre espejos de metal
cuando el mar acoja
en su silencio
la miel de los bosques
el cielo de las fieras
y el río de los hombres: Sangre.

Hojalata. Nº2, mayo de 1987. p. 1.


Tu voz, tu mano

Cuando riegas
el agua de tu voz
sobre mi cuerpo encendido
mil puñales luminosos
acuden al llamado de tu sangre.

Es el tiempo preciso
la fatiga se hace infierno
la luna la morada
de los gritos púrpura
otra vez mis cabellos se estremecen
ante la figura del viento verde
de tu voz
otra vez mi cuerpo tiembla
bajo el río de tus ojos
otra vez tu mano
hace lo que sabe hacer: toca la vida.

Hojalata. Nº3, abril de 1987. p. 8.